
La nueva clasificación de obesidad de 2025, propuesta por comisiones que redefine la obesidad no solo por el IMC, sino como una enfermedad o riesgo con daño orgánico, dividiendo el diagnóstico en obesidad preclínica (exceso de grasa sin daño orgánico) y obesidad clínica (exceso de grasa con daño orgánico o disfunción).
La confirmación del exceso de grasa se realiza con métodos como la medición directa de grasa corporal (DEXA, bioimpedancia) o métricas antropométricas.
Confirmación de exceso de grasa:
Para definir la obesidad en un individuo, se requiere un parámetro adicional al IMC para confirmar la adiposidad, como:
Medidas antropométricas: Circunferencia de cintura, relación cintura-altura.
Medición directa de grasa corporal: DEXA (Dual-energy X-ray Absorptiometry) o bioimpedancia.
Niveles de la clasificación
1. Obesidad Preclínica:
Definición: Se diagnostica cuando hay un exceso de grasa corporal (confirmado mediante IMC + otro parámetro) pero la función orgánica aún está preservada.
Significado: Es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades en el futuro y requiere intervenciones para la pérdida de peso.
2. Obesidad Clínica:
Definición: Se diagnostica cuando hay exceso de grasa corporal y, además, se detectan signos de disfunción de órganos o tejidos, limitación en actividades diarias, o anomalías en pruebas de laboratorio.
Significado: Indica la presencia de una enfermedad donde la obesidad ya está causando un daño o disfunción orgánica, requiriendo intervenciones más contundentes.
El manejo del sobrepeso, la obesidad y la adiposidad central se ha convertido en un componente crítico de las estrategias de salud pública debido a su creciente prevalencia y las implicaciones en la salud general.
• Prevención del sobrepeso, la obesidad y la adiposidad central.
. Acciones preventivas en todos los entornos
Promoción de comportamientos saludables: Incentivar la actividad física regular y una dieta equilibrada.
. Educación alimentaria: Proporcionar información precisa y accesible sobre nutrición saludable.
. Evitar prácticas insostenibles: Desaconsejar comportamientos extremos como dietas restrictivas o ejercicio obsesivo.
Identificación y evaluación del sobrepeso y la obesidad
Adultos
Mediciones clínicas: Usar el índice de masa corporal (IMC) junto con la relación cintura-altura para evaluar riesgos.
Clasificación del IMC:
Peso saludable: IMC de 18,5 a 24,9 kg/m².
Sobrepeso: IMC de 25 a 29,9 kg/m².
Obesidad clase 1: IMC de 30 a 34,9 kg/m².
Obesidad clase 2: IMC de 35 a 39,9 kg/m².
Obesidad clase 3: IMC ≥40 kg/m².
Considerar umbrales más bajos de IMC para personas de origen asiático, africano o caribeño.
Niños y jóvenes
Realizar mediciones periódicas y considerar curvas de crecimiento estandarizadas.
Identificar factores de riesgo adicionales, como antecedentes familiares y condiciones comórbidas.
Intervenciones conductuales
Adultos
Diseñar programas multicomponentes que combinen cambios en la dieta, aumento de la actividad física y apoyo psicológico.
Establecer metas realistas y evaluar el progreso regularmente.
Niños y jóvenes
Involucrar a las familias en la planificación y ejecución de intervenciones.
Asegurar que las estrategias sean adecuadas a la edad, madurez y contexto cultural del niño.
Actividad física y dieta
Actividad física
Recomendaciones para adultos: Al menos 150 minutos de actividad moderada por semana.
Fomentar actividades que se integren fácilmente en la vida diaria, como caminar o andar en bicicleta.
Dieta
Promover patrones alimenticios balanceados basados en el modelo “Eatwell”.
Evitar alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.
Incorporar estrategias personalizadas para abordar barreras individuales.
